Marcos subió a la azotea, como cada noche, para componer algo.
"Hola Marcos, suelo venir a la azotea desde hace un tiempo atrás, vine aquí a pensar una noche y escuché unos ruidos y me senté donde no me pudiera ver nadie, y de pronto empecé a escuchar tu música, y me gustó. Al día siguiente no podía parar de pensar en tu voz, y esa noche vine de nuevo, y aquí estabas. Han pasado los días, las semanas, y sigo sin poder parar de pensar en tu voz. Me inspira y gracias a tí he vuelto a escribir, cosa que no hacía desde hace dos años, cuando murió mi abuelo. A él le gustaban mucho mis textos, y sé que me hizo venir a esta azotea ese día para que pudiera volver a escribir. Vivimos puerta con puerta. Nos hemos cruzado varias veces por la escalera del edificio, pero no me he atrevido a sostenerte la mirada. Dentro de poco me he enterado de que te mudas, y el día en que te vas coincide con el segundo aniversario de la muerte de mi abuelo. Así que ya sabes, esta noche no me sentaré en el bordillo, con la calle a mis pies y tu música en mis oídos, estaré en casa."
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 destino(s) que se cruzan:
que chulada de blog! y que bonito lo que escribes!!
como va todo?
Publicar un comentario en la entrada