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Ayer pasó algo increíble.

Hola. Un amigo me recomendó que escribiera para desahogarme.
Todos me conocen como Arey, así que me presentaré de este modo para contar mi historia.

Así pensaba comenzar mi historia, pues llevo un tiempo queriendo empezar a escribirla. Desde que esta idea entró en mi cabeza, ha cambiado mi modo de ver las cosas.

El simple hecho de sugerirle algo a alguien puede llegar a cambiar su vida, como ha pasado en mi caso.
Trabajo en una empresa consultora, en un edificio alto, con grandes cristales. Me paso toda la mañana en mi despacho resolviendo dudas de personas anónimas que me llaman en nombre de organizaciones, anónimas también, para que los asesore con sus grises problemas. A veces los problemas se solucionan, pero otras no.

Al principio estaba contento por ayudar a la gente, y encima en un campo que amaba. Pero la rutina absorbió mi vida y el tiempo se llevó grandes momentos que nunca he llegado a vivir. Resolver dudas y problemas insustanciales es la tarea que ocupa la mayor parte de mi vida.

Esto es lo que hago en el trabajo, pero fuera de él no hago mucho más.

Llego a casa por la tarde. Normalmente como fuera, el salario me permite pequeños lujos que me facilitan el día a día. Cuando llego a casa me espera mi pequeño portátil y una estantería gigantesca de libros, de los cuales la mayoría ya he devorado. Me la dio mi padre en herencia, murió el año pasado, el mes que viene hace un año de su muerte y, para ser francos, no me afectó, porque era una muerte que se esperaba, aunque fuera joven, y tampoco lo veía habitualmente, así que mi vida no cambió mucho.

Quería comenzar a escribir algo, pero no sabía cuándo. Sabía que llegaría un momento en el que tendría un motivo para escribir, pero no me esperaba que fuera ésta la razón.

Resulta que ayer, al volver del trabajo, en un día especialmente gris, estaba esperando en el semáforo, a que se pusiera en verde. Me había retrasado un poco más en la cafetería y el sol había dejado de dar calor, pero todavía quedaban rayos entre las sombras de los árboles, y de pronto el tiempo pareció detenerse. Las motas de polvo bailaban y giraban, apenas había gente andando, y una mujer estaba fumando al otro lado de la avenida, sentada, con un vestido verde. El color de la esperanza. De pronto, algo interrumpió la trayectoria de mi mirada: una pequeña mariposa de color marrón, con un pequeño dibujo en cada ala, aleteando como si lo hiciera sólo para mí.

Pero entonces todo volvió a la normalidad. La chica desapareció, la gente volvió a andar y el semáforo se puso en verde.

Dicen que las mariposas simbolizan el destino.

Al llegar a casa, estaba en el portal y había una niña pequeña sentada, de unos nueve o diez años, con una mochila a la espalda y dos coletas.
-Hola -Me dijo con una sonrisa.
-Hola pequeña, ¿no es un poco tarde para estar sola?
-No. Estoy esperando a alguien.
-¿A quién? –Pregunté con curiosidad, la chica me había caído bien.
-No lo sé. A alguien, supongo. –Dijo pensativa.

Me extrañó mucho lo que dijo, así que nos quedamos un rato hablando. Un hombre con traje de corbata y maletín sentado al lado de una niña que parecía venir del colegio, una imagen bastante curiosa.

La invité a casa a pasar la noche, pero dijo que se quedaría esperando un poco más. Al rato he bajado a tirar la basura, y seguía ahí, así que le dije que subiera y cenaríamos algo. Hemos dejado una nota en el portal.

«A esa persona a quien espero, estoy arriba»

Me ha dado mucho de qué pensar. Cómo tu vida puede cambiar sin que tú lo sepas, en apenas unas horas. Cómo puede dejar de ser gris, y hacer que una niña la llene de colores. Quizás esta chica estaba destinada a enseñarme que la vida tiene un montón de vivencias para ofrecerme, y que he desperdiciado mucho tiempo dejándolas pasar de largo, porque al fin y al cabo, ¿no somos lo que hemos vivido?

Esta chica ha roto los esquemas de mi vida con tan sólo existir.

De momento prefiero seguir rompiendo esos esquemas, pero quería contarlo. Necesitaba que quedara constancia de muchas veces dejamos pasar el tiempo, y cuando nos damos cuenta, hemos perdido muchas historias. Pero nunca es tarde.

Mañana nos dedicaremos a buscar a esa persona.

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Pero no importa.

Frío, mucho frío, pero no tengo frío.

Vuelvo a casa, hoy ha sido el mejor día de mi vida. He estado con todas las personas importantes en mi vida.

Todas estas personas me han dicho lo mucho que me quieren, me han dado un beso con mucho cariño.

Me han regalado flores. He visto a mis hijos, y a los hijos de ellos. Todos parecían muy felices. Han comido hasta hartarse, han bailado y han cantado. He visto cómo la suerte les ha sonreído a todos: los que tienen han compartido con los que no, los que estaban peleados se han reconciliados, los que lloran han reído. Y todas estas personas que han compartido, se han reconciliado, han llorado y han reído, son las personas que más quiero.

Hoy es el día mas feliz de mi vida.

Fuera llueve, el cielo llora, pero sé que pronto saldrá el sol, porque el cielo sabe que estoy feliz, aunque todavía no me haya visto sonreír. Pronto lo hará. Y la luna lo abrazará e iluminará a la gente que quiero a su casa. Aunque haya lluvia, ellos brillarán debajo de la cortina de agua, debajo de todos los chaquetones y gabardinas, como velas encendidas dentro de una habitación a oscuras. Velas rotas, heridas, rajadas, algunas viejas, otras más nuevas. Pero todas brillan de camino a casa.

Brillan con la felicidad que les he brindado hoy: el día más feliz de mi vida.

El día de mi muerte. Pero no importa.

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GRIPE A

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¿Qué es la gripe A/H1N1?

La gripe A es una enfermedad que cursa de forma leve en la gran mayoría de las personas. La situación actual no justifica una alarma social. Por ello es muy importante mantener la paciencia y la tranquilidad.

¿Cómo se contagia?

Como la gripe común, se contagia muy fácilmente porque se transmite a través del aire por medio de pequeñas gotitas que lanzamos al hablar, toser o estornudar. Pero que sea muy contagiosa no quiere decir que sea más grave.

¿Cómo puede evolucionar la gripe A?

La inmensa mayoría de las personas pasan la gripe con síntomas leves o moderados. Se debe mantener una especial vigilancia de la evolución de los síntomas en personas con enfermedades crónicas descompensadas, niños menores de seis meses y en pacientes de riesgo más elevado (inmunodeprimidos).

¿Cómo podemos actuar para prevenir el contagio?

Las recomendaciones básicas son:

1. Lavarse las manos frecuentemente.

2. Estornudar o toser usando pañuelos desechables.

No está claro si el uso de mascarillas evita la propagación de la epidemia.

¿Qué debo hacer si tengo síntomas?

La mayor parte de las personas tendrán síntomas leves y acudir al médico no les aportará ningún beneficio. La saturación de los centros de salud y hospitales puede dificultar una correcta atención a personas graves por la gripe o por otros problemas de salud. Deben solicitar atención médica aquellas personas que tengan dificultad al respirar, dolor importante en el pecho, alteraciones de la conciencia (sensación de aturdimiento o desmayo), que empeoren de forma rápida o después de 7 días del comienzo de los síntomas. En el caso de los niños, la edad inferior a 6 meses, la respiración acelerada o la fiebre que dura más de tres días (72 horas) hacen recomendable evaluación médica. Por ello, las personas sanas que presenten un cuadro gripal sin síntomas de gravedad pueden realizar autocuidados en sus casas. Si uno está enfermo conviene no acudir a lugares muy llenos de gente para evitar contagiar a otras personas.

¿He de tomar algún tratamiento si me pongo enfermo?

Aunque la fiebre no es peligrosa en sí misma, los antitérmicos como el paracetamol o el ibuprofeno pueden ser útiles para aliviar el malestar que produce. Los medicamentos antivirales han demostrado muy poca eficacia y tienen efectos secundarios. Por ello su uso deberá ser restringido a los pacientes que sufran complicaciones o aquellos con alto riesgo de sufrirlas.

¿Y si estoy embarazada?

Siempre se ha sabido que el embarazo supone un pequeño incremento del riesgo para las complicaciones de la gripe (cualquier tipo de gripe). En caso de fiebre o síntomas de gripe, es recomendable consultar con un profesional sanitario.

 

Durante la pandemia de gripe A seguirá habiendo infartos de miocardio, apendicitis, insuficiencia cardiaca, diabetes, crisis de asma, enfermedades psiquiátricas, fracturas de cadera, accidentes y muchas otros problemas de salud que requieren atención de los profesionales de la salud.

El comportamiento sereno, paciente y tranquilo de los pacientes, los medios de comunicación, los profesionales sanitarios, los dirigentes políticos y los cargos con responsabilidad en planificación y gestión del Sistema Nacional de Salud son esenciales para que funcionen bien los servicios sanitarios y estos puedan dedicarse a los enfermos que lo necesiten.

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Tiempo perdido.

13 de Abril de 1964.

Marina era una muchacha cuando aquel Domingo pasada la medianoche oyó aquellos ruidos en la habitación de sus padres. Se levantó y fue a preguntarles si había pasado algo, y vio algo que le quitó la inocencia para siempre. En ese momento se dio cuenta que su vida se había parado.

13 de Abril de 1966.

La joven inocente que murió hace dos años se había convertido en una mujer cuyos ojos emanaban la misma fuerza del mar. De ahí su nombre: su madre siempre lo supo. Y su corazón era tan frío como la tempestad más helada que haya podido caer sobre las aguas más profundas. Se ganaba la vida vendiendo su cuerpo, tan caliente como el abrazo que necesitaba. Ni un amigo, ni un confidente. Los hombres pasaban por ella como si de un objeto se tratase, pero ese Miércoles un hombre supo como calmar las aguas turbulentas de su alma, y le brindó la paz que siempre anduvo buscando. Ese hombre se fue esa misma noche de su vida.

13 de Abril de 1993.

Nunca nadie volvió a entrar en el corazón de Marina, de hecho, aquel hombre de su juventud todavía seguía grabado a fuego en su alma, y lo recordaba como si nunca hubiera desaparecido de su vida. Ella lo recordaba cada día. Hacía años que había dejado la prostitución, había vivido en otros países, había conocido a infinidad de hombres, pero ninguno logró acceder a su interior. Esa noche se cruzó con aquél hombre en el metro. Los años habían pasado de igual modo para los dos, pero él supo reconocer en los ojos de ella la fuerza por la que años, muchos años atrás perdió la cordura. Pero de aquello hacían años, muchos años. Y no pudo evitar desviar la mirada al mismo tiempo que se le empañaban los ojos. Ella leyó el dolor y entendió a la perfección. Había perdido su vida. Lo supo desde aquel 13 de Abril hacía tantos años, y lo sabía en aquel momento. Tantos años perdidos. Tanto tiempo perdido.

13 de Abril de 2009.

El cielo llora sobre el mar. La pérdida ha sido inevitable. Entre vasos vacíos y rotos, colillas a medio fumar, pastillas para dormir y papeles llenos de lágrimas mezcladas con pintura de ojos y carmín. El cuerpo de Marina yace todavía caliente. La boca seca.

El mar encerrado en los ojos de aquella mujer por fin pudo encontrar la paz que tanto ansió, en los brazos de su único amante. La muerte.